Un lugar de reflexión, pensamientos e ideas de diseño, diseñadores e innovación
23 de marzo de 2009
Que debe de dominar el diseñador del futuro?
1- Habilidad para crear y desarrollar respuestas visuales para problemas de comunicación, incluyendo el entendimiento de la jerarquía, tipografía, estética, composición y construcción de images con significado.
2- Habilidad para resolver problemas de comunicación visual, identificando el problema, investigando, analizando, generando soluciones, prototipos, pruebas de uso y evaluación posterior.
3- Amplio entendimiento de temas relacionados con los contextos cognitivos, sociales, culturales, tecnológicos y económicos para el diseño.
4- Habilidad para responder a los contextos de la audiencia reconociendo los factores humanos, sociales, culturales, cognitivos y físicos que conforman las decisiones de diseño.
5- Entendimiento y habilidad para el uso de herramientas y tecnologías.
6- Habilidad para ser flexible, ejecutivo y dinámico en su práctica.
7- Habilidades de dirección y comunicación necesarias para funcionar productivamente en grandes equipos enterdisciplinarios y en estructuras organizacionales aplanadas.
8- Entendimiento de como se comportan los sistemas y temas que contribuyen a los productos, estrategias y prácticas sustentables.
9- Habilidad para construir argumentos verbales para soluciones que puedan llegar a diferentes usuarios o audiencias, formas de vida y sistemas de operación de negocios y organizacionales.
10- Habilidad para trabajar en un medio ambiente global con entendimiento de la preservación cultural.
11- Habilidad para colaborar productivamente en grandes equipos interdisciplinarios.
12- Entendimiento de la ética en la práctica.
13- Entendimiento de los aspectos integrados incluyendo la causa y efecto, habilidad para desarrollar criterios de evaluación de proyectos que puedan contabilizar audiencia y contexto.
Creo que nos enfrentamos a algo más que "saber manejar programas"
7 de marzo de 2009
Un Colegio Profesional
Entre los temas que surgieron de ello, se comentó sobre la posibilidad de establecer un Colegio Profesional de Diseño, que buscara realizar todas estas actividades más las que nuestra legislación le permite.
En ese tenor, algunos de nosotros nos hemos estado reuniendo y tomando algunas acciones para poner a andar esta idea... nos gustaría que cualquiera que quiera unirse en este proyecto, nos busque en facebook. (Colegio de Diseño de Monterrey)
2 de marzo de 2009
Nota de Guillermo Brea...
EL MURO DE LOS LAMENTOS
En este texto cuestiono y pongo en crisis el carácter autocompasivo con que se aborda el problema del reconocimiento social de la profesión. Dedicado a quienes más han gastado en mi formación: mis clientes
Como se sabe, el llamado Muro de los lamentos es la parte que quedó en pie del segundo templo de Jerusalén luego de que este fuera arrasado por los romanos. Pero, jugando con las palabras, quisiera darle otro sentido a este título: la idea de que para los diseñadores los lamentos operan como un muro. El muro de los lamentos del diseño gráfico es la barrera de quejas que, anteponiendo la culpa en el lugar del cliente, impide ver las propias fallas y ponerse en el lugar del otro para entender sus razones antes que estigmatizarlo. He generado una lista de los lamentos más escuchados y procuraré analizarlos tratando de desarmar esta mirada ombligocéntrica. Siguiendo con el tono religioso de la nota, los lamentos son diez, y como pueden ver todo diseñador ha gemido alguno de estos al menos una vez en su vida.
1. El cliente elige por “me gusta o no me gusta” (y su gusto siempre es anticuado, vulgar o pretencioso).
2. El cliente prefiere la peor opción.
3. El cliente quiere el logo más grande (o el texto más grande, o lo que sea, pero más grande).
4. El cliente es arbitrario y caprichoso.
5. El cliente no me tiene confianza.
6. El cliente cambia de opinión todos los días.
7. El cliente quiere todo para mañana.
8. El cliente mete la mano en mi trabajo (con el MI en mayúscula bold).
9. El cliente me destruyó mi diseño (con el ME y el MI en mayúscula extrablack).
10. El cliente no comprende el valor del diseño (y compra por precio).
A modo de yapa, un clamor adicional: “la facultad no me preparó para la realidad”. Es decir, cuando la culpa no es del cliente es de los maestros y cuando no, de los padres.
Antes de ver estas quejas una por una, tengamos en cuenta una primera cuestión: hablamos del cliente como si fuera un genérico, cosa que definitivamente no es así; pero por otro lado sostenemos que estos problemas son específicos del diseño cuando en realidad tienen que ver con el ejercicio de las profesiones liberales en general. Es decir, somos genéricos o específicos según convenga.
1. El cliente elige por gusto
* Contralamento: ¿Tiene otro parámetro para elegir?
El cliente elige por gusto cuando carece de otros elementos de juicio. Y esto no significa que sea un ignorante, significa que no se los hemos provisto o no lo hemos hecho adecuadamente. A la mayoría de las personas, cuando se les explica algo lo entienden, y cuando no es así es casi siempre porque se les explicó mal. Es más cómodo decir “el cliente no entiende razones”, que decir “no entiende MIS razones” que pueden ser insuficientes, inadecuadas o incomprensibles. Preferimos poner al otro en posición de ignorante cuando lo que sucede en realidad es que tiene una formación diferente a la nuestra. El cliente no tiene ninguna obligación de saber sobre diseño y en cambio nosotros sí tenemos la obligación de explicarle. Y con esto quiero marcar un punto central: la didáctica no es un opcional, es parte del servicio que se espera del profesional. La alternativa a “me gusta/no me gusta” es generar junto con el cliente parámetros de juicio consensuados. Parámetros que deben basarse no en mis prioridades de diseñador sino en interpretar sus necesidades, respetar su pensamiento y comprender su incertidumbre en relación con el riesgo que afronta.
2. El cliente elige la peor opción
* Contralamento: ¿Quién creó esa opción?
Este es uno de los lamentos que más me llama la atención, porque parece pasar por alto que esa opción peor también la hemos generado nosotros. Más allá de eso, conviene recordar que un proyecto es un proceso. Un proceso dialogado en el que se van descartando unas respuestas en favor de otras, donde el valor en juego es la VIABILIDAD. Unas alternativas son viables, otras no lo son. De modo que:
1. el cliente se ve forzado a optar entre varias soluciones, ninguna de las cuales le parece viable, o bien…
2. el cliente opta por la opción más viable pero no en términos de gráfica.
En el primer caso conviene recordar que cuando contratamos un servicio profesional, junto con el asesoramiento esperamos recibir una PROPUESTA. Cuando no aceptamos la propuesta y elegimos quedarnos con nuestra idea, es casi siempre porque el profesional no nos convence, en cuyo caso, si es barato le indicamos lo que debe hacer y si es caro buscamos a otro. El punto es que los diseñadores gráficos proponemos muy poco. Cuando un diseñador dice llevarle al cliente tres propuestas, en realidad esta llevando tres respuestas a la misma pregunta. Proponer significa hacer que el otro se replantee la pregunta, no variarle las respuestas. Cuando la solvencia para proponer no convence es cuando el cliente toma la iniciativa y el control del proceso. Si esto sucede no es necesariamente un caso de personalidad dominante. Créanme, es que algún error hemos cometido. Luego, entre las propuestas el comitente sí puede elegir una en detrimento de otra. Pero sus parámetros de selección no son sólo de diseño sino comerciales, operativos, financieros, etc.; y si la propuesta sobresaliente en lo gráfico no cumple estos requisitos, entonces no es la mejor propuesta.
3. El cliente quiere el logo más grande
* Contralamento: ¿La pieza cumple con su cometido?
Como decía Knut Yran, a veces el cliente pide un puente cuando lo que necesita es cruzar un río. Normalmente, cuando un cliente dice más grande o más acá o más allá, esta señalando algún déficit de la pieza aunque no sepa expresarlo con precisión. Ese cliente conoce su negocio y sabe algunas cosas respecto de su público. El asunto es no cerrarse ante la presunta intromisión en nuestra obra y detectar qué es lo que, a los ojos del cliente, está fallando, aunque no sepa cómo expresarlo. No deja de sorprenderme el nivel de obstinación que muchos colegas tienen para defender un resultado ni siquiera estético sino esteticista, por encima de cualquier necesidad operativa. Algunos diseñadores se amargan porque el resultado final —donde han intervenido las opiniones de otros— les parece estéticamente repugnante, y se ven impedidos de firmar la pieza. Esa estupidez de raíz autoral según la cual un folleto se firma como si fuera un cuadro es una muestra de pensamiento equívoco en nuestra profesión. Detrás de esto está la lógica del portfolio. En la carpeta (impresa o digital) se ponen sólo las piezas que quedaron más lindas —es decir las que más me gustan—, hayan servido o no. Luego les mostramos ese portfolio a los clientes para que nos elijan y finalmente nos quejamos si juzgan nuestro trabajo según su gusto personal.
4. El cliente es arbitrario y caprichoso
* Contralamento: ¿Los diseñadores no?
Esto me lleva a un asunto que daría para un artículo mucho mayor pues tiene que ver con el estado de la disciplina en general. Mi hipótesis es que el modelo actual de diseñador es en muchos casos (aclaro que estoy diciendo en muchos casos, no en todos y ni en siquiera la mayoría), el de un operador con buenos argumentos. ¿Que quiero decir con esto? La inserción universitaria del diseño ha hecho que cualquier profesional se defina como un comunicador visual dejando atrás al mero operador. Lo cual está muy bien de no ser porque hemos quedado a mitad de camino, como operadores que manejan jerga de comunicadores pero sólo a modo de justificación o como un deber ser vacío y esquematizado. Personas que pueden usar las palabras pregnancia, estrategia o capital marcario pero que no pueden ligar en la práctica el diseño con el negocio del cliente, y cuando producen lo siguen haciendo con una mezcla de habilidad técnica y arbitrariedad autoral. Entender el negocio del cliente y, por sobre todo, entender que el negocio del diseño no es sólo diseño, es otra cosa. ¿Qué nos falta para ser verdaderos comunicadores? Lo que requiere toda comunicación decente: considerar al OTRO. En este caso a un primer otro que es el cliente y lo más importante a su público objetivo, esto es: los clientes de nuestros clientes. ¿Cual es el antídoto contra la arbitrariedad (propia o ajena)? EL TESTEO. La arbitrariedad del cliente se combate con evidencias pero para eso hace falta primero saber testear —cosa que pocos diseñadores se toman el trabajo de aprender— y segundo estar dispuesto a escuchar lo que el testeo diga. Desde luego esta idea no es muy popular entre los diseñadores gráficos porque implica un recorte importante en el propio ego.
5. El cliente no me tiene confianza
* Contralamento: La confianza es un vínculo.
Esto se entronca con el punto anterior. La confianza no es un portfolio. La confianza en cualquier relación profesional es una construcción mutua que requiere tiempo, solvencia, conocimiento, capacidad de respuesta y por sobre todo diálogo. Lo primero que un diseñador debe saber es escuchar —y preguntar bien— mucho antes que dibujar. El problema (y aquí va otra hipótesis para seguir ganando amigos) es que esta es una profesión que permite ejercer siendo demasiado joven (con un promedio de edad sorprendentemente bajo comparado con los propios clientes). Se egresa demasiado joven de la carrera y se ejerce de modo independiente mucho antes de sumar horas de vuelo. Esto genera por un lado una inexperiencia de vida, y por otro un aislamiento respecto de la posibilidad de trabajar con otros y aprender lo más importante: a escuchar y saber preguntar. La formación se logra estudiando, ejerciendo y viviendo, y el diseño es cada vez más una construcción colectiva. Cuando un cliente debe confiar una inversión importante a un profesional, no sólo necesita calidad en la prestación. Necesita saber que está en manos de alguien que le transmite confianza. Es decir, que sabe escuchar y que tiene el entrenamiento como para tomar decisiones —a veces difíciles— en función de lo que escucha.
6. El cliente cambia de opinión todos los días
* Contralamento: ¿Hay un sentido de proceso?
Un proyecto de diseño es un proceso, no solo para el diseñador sino también para el cliente que encarga ese proyecto. El cliente también aprende sobre la marcha y procesa en un ciclo iterativo de prueba y error. Ahora bien, ¿ese proceso está planificado o es azaroso? Y de ser planificado ¿quién se supone que debe planificarlo, el que se presume solvente en el tema (o sea el diseñador) o el inexperto? ¿Cuantos diseñadores entregan al iniciar un trabajo un timeline con los pasos a seguir día por día, incluyendo las dificultades y demoras que van a surgir y que el cliente no tiene por que conocer? Diseñar es anticipar en sentido amplio. No sólo anticipar la existencia de un objeto antes de producirlo, sino también anticipar todas las etapas del proceso productivo de ese objeto. Clientes rigurosos y metódicos en sus procesos productivos o industriales se convierten en anárquicos en relación con los diseñadores. ¿Por que será? ¿Porque han enloquecido de pronto o porque en sus procesos productivos tienen profesionales capaces de planificar y aquí no?
7. El cliente lo quiere para mañana
* Contralamento: El diseño es parte de un proceso productivo.
Esto va en línea directa con lo anterior. La producción no es un mal necesario con el que un dios vengativo castiga a los diseñadores por ganar dinero fácil. Un diseñador es parte de una cadena productiva y debe asumirse como tal. Saber cuando cortar un proceso es tan importante como saber resolverlo. La administración del tiempo es el cincuenta por ciento de la buena gestión de proyecto, y es importante considerar aquí los riesgos que cada uno asume. Una imprenta pone en juego un capital técnico, humano y financiero infinitamente mayor al de un diseñador gráfico, con una tasa de ganancia inferior, y un cliente multiplica varias veces el costo del diseño en forma de implementación y puesta en marcha. Existen también sin duda aquellos clientes que apuran por puro gusto, pero esto se soluciona contrademandando los insumos con la misma urgencia. Si la presión es genuina, vuelve. Si no, es que todo puede esperar.
8. El cliente mete mano en el trabajo
* Contralamento: ¿Quién se lo permite?
En la misma línea del punto dos, cuando un cliente se pone a diseñar es porque se le da el espacio para hacerlo. Y ese espacio sólo se clausura si la solvencia del profesional resulta una inhibición para la intromisión. Participamos cuando sentimos que el otro esta a nuestro mismo nivel o porque su respuesta nos genera un vacío de sentido. 9. El cliente me destruyó mi diseño * Contralamento: ¿El diseño era sustentable? Dos cosas en relación con este lamento. Primero, desterrar esta cuestión de ME destruyó, MI diseño. Más allá de la ilusión autoral, hay una razón estrictamente técnica: un diseñador debe analizar sus propuestas antes de llevarlas al cliente y ver si son adecuadas. Para esto hace falta distanciamiento, desapego. Poder analizar el trabajo como si fuera ajeno y criticarlo con imparcialidad. Esto significa que debe aprender a distanciarse del objeto rápidamente. Y si considera que la pieza es un hijo difícilmente pueda hacerlo. El segundo punto tiene que ver con la viabilidad del diseño. La mayoría de los manuales de normas nunca se implementan por completo. ¿Será porque una conspiración de clientes malvados pretende combatir al buen diseño o será porque esos manuales no contemplan las condiciones reales de la organización y son —en los hechos— inaplicables? La mayor parte de los diseños “destrozados” por el cliente son consecuencia de su intento de adaptarlos —aunque fuera torpemente— a condiciones reales no previstas por el diseñador.
10. El cliente no comprende el valor del diseño y me regatea el precio
* Contralamento: ¿El diseñador sí lo comprende?
Sobre este tema, un solo párrafo en forma de pregunta: ¿Además de repetir de memoria que el diseño es estratégico, cuántos diseñadores pueden realmente demostrar con argumentos y con números cuál es la incidencia real del diseño para un negocio determinado? Y respecto del regateo: la comprensión del carácter estratégico es independiente del precio. Un cliente puede entender perfectamente que rol tiene el diseño en su estrategia comercial y aun así discutir el precio, como haría cualquiera de nosotros. Últimamente veo por todos lados métodos para presupuestar, pero no veo ninguno que contemple, como de costumbre, al otro. Un presupuesto no se elabora solamente de modo unilateral, considerando mis gastos y mi tasa de ganancia. Considera también la negociación que tiene que ver con los modos comerciales del otro. Por último, la madre de todos los lamentos:
La facultad no me preparo para la realidad
* Contralamento: decía Oscar Wilde que después de los veinte años cada quien tiene la cara que merece.
¿Formación de base o conocimiento práctico aplicado? Esa es la disyuntiva de todas las universidades del mundo y en todas las carreras. La mitad de los alumnos se queja de no haber recibido suficiente background conceptual y la otra mitad de no haber obtenido suficiente herramental técnico práctico. Ninguna universidad ha resuelto esto. Y la verdad es que no tiene por qué resolverlo. Uno no es profesional cuando sale de la facultad. Es profesional si trabaja mucho y tiene suerte, varios años después. El camino que garantiza el respeto y la confianza de los clientes y nos posiciona como profesionales está hecho de formación y aprendizaje permanentes. Para aprender se requieren solamente humildad y desconfianza. Pero esa desconfianza no es respecto de los demás, sino de nosotros mismos, de nuestros prejuicios y de nuestra tendencia a culpar a otros.
fuente: http://foroalfa.org/es/articulo/67/El_muro_de_los_lamentos
1 de marzo de 2009
Habilidades del diseñador V
Es curioso como los diseñadores nos llenamos la boca definiendo nuestra profesión como la de solucionar problemas de comunicación visual... y en ningún momento hacemos énfasis en el diagnóstico como parte importante de ese proceso.
En cada ocasión que se nos presenta un cliente, debemos de poder interactuar con él de modo que nos volvamos un experto al igual que él en su producto y/o servicio, de forma que al visualizar su estado, podamos tener la capacidad de realmente encontrar los problemas que son necesarios intervenir en nuestro oficio... y de indicar aquellos que sin estar directamente relacionados con nuestra actividad pueden llegar a influenciar el desarrollo del diseño y su proceso de solución de una problemática dada.
Esta habilidad nos diferencía de aquellos pseudo-diseñadores que creen que la interacción del cliente con su trabajo radica en que este último les indique que es lo que quiere y por lo tanto, dárselo.
Tenemos que desarrollar esa habilidad de forma que no solo podamos visualizar el problema real, sino además poder hacer ver a nuestro cliente de esa visión y si es necesario, llegar al grado de declinar una intervención de nuestra parte cuando no sea necesaria.
Al igual que un médico, el cual no cura, sino diagnostica... el diseñador debe de desarrollar fuertemente esa habilidad ya que de ella dependerá su trabajo real.
13 de febrero de 2009
Un artículo inquietante...
"Dos Distorsiones en la enseñanza del Diseño Gráfico"
NORBERTO CHAVES.
"Gran parte de los problemas de la enseñanza del diseño gráfico en México (y es de suponer que en muchos países latinoamericanos) provienen de una concepción distorsionada de la profesión, en la que predominan dos prejuicios: teoricismo y creativismo.
Dichas distorsiones –claramente originadas en una grave disociación entre enseñanza y práctica del oficio– presentan dos características que las hacen interesantísimas como fenómenos del imaginario colectivo:
* son de una profundidad y una tenacidad altísimas, propias de las creenciasmíticas, lo cual las hace difícilmente reversibles, y
* son abiertamente contradictorias entre sí, hecho que prueba su naturaleza mítica: la contradicción racionalmente evidente no las pone en crisis.
La primera distorsión consiste en no reconocerle al diseño gráfico su carácter de oficio, o sea, de trabajo productivo en un campo específico; trabajo que, a través de la experiencia, acumula una serie de habilidades y saberes prácticos, anclados en las condiciones empíricas, particulares y cambiantes de la comunicación concreta y que se transmiten y enriquecen de generación en generación, materializando así su propia evolución como disciplina productiva.
En su lugar se concibe al diseño gráfico –tácita o explícitamente– como una suerte de “teoría aplicada”. Supuestamente, el ejercicio del diseño estaría guiado por una teoría previa y autónoma respecto de la práctica y suficiente para dirigirla con resultados válidos.
Y, más aún, dicha concepción tiende a considerar que el criterio de validación de la práctica es la obediencia a dichos preceptos teóricos y no a la eficacia comunicacional real del producto diseñado: así, el oficio de luthier se confirmaría más por el respeto de un tratado sobre la construcción de guitarras que por el sonido de las mismas.
La comunicación gráfica y su diseño, para esta óptica, constituyen hechos absolutamente aprehensibles y aprendibles por medio de las ideas, resultando superflua toda otra vía de captación del fenómeno gráfico y de la intervención sobre él: la intuición, la memoria, la sensibilidad, la experiencia y la reiteración, la observación, la recopilación de imágenes, etc.
La prueba de lo anterior es la ausencia de todo hábito de observación y análisis del campo gráfico real, la ejercitación de la mirada y el desarrollo de una real cultura visual. No se tiene información sobre el estado actual de la producción gráfica mundial ni sobre su historia. Y hasta se desdeña la posesión de hemerotecas y bibliotecas gráficas bien nutridas. El diseño gráfico no se descubre ni se aprende: se reinventa de la nada.
Esta reinvención permanente confirma la hipótesis del rechazo de la idea de oficio: para esta concepción el diseño gráfico no es el acervo de tipologías, lenguajes, recursos y elementos gráficos acumulados históricamente, sino una “disciplina racional” que permite deducir de una idea un mensaje sin pasar por el conocimiento de los paradigmas gráficos aportados por el oficio propiamente dicho.
Dicha “teoría” suele nutrirse, además, de disciplinas teóricas propiamente dichas, o sea, no vinculadas a otra práctica que la específicamente teórica: semiología, lingüística, psicología, sociología. Se llega a creer - tácita o explícitamente - que disciplinas como la retórica, la estética o la hermenéutica sirven efectivamente como medios de formación del diseñador.Estos discursos teóricos tienen un papel importante en la formación ya no del diseñador sino de cualquier persona interesada en el estudio de la cultura.
Pero estas ciencias básicas, confundidas con una auténtica teoría-de-la-práctica-del diseño, ocupan su espacio y, en tanto ocupan su espacio, postergan su desarrollo. Se trata claramente de un error en la percepción de la pertinencia de estas teorías.
La teoría se subcontrata a científicos cuyo discurso en nada incide sobre la capacitación del diseñador. Resultado: de la disciplina propiamente dicha seguirá sin saberse qué es ni cómo se ejerce.
El hiato entre estos discursos subcontratados y la práctica efectiva del diseño es un auténtico abismo: después de oídas las clases sobre la hermenéutica, el alumno permanece virgen e igualmente subcapacitado para el diseño.
El papel y real eficacia de estas disciplinas (indudablemente útiles en el desarrollo de la capacidad intelectual), sólo se plasma plenamente una vez instalado un discurso específico acerca de los procesos reales de la producción de diseño, que descubra y explique ese modo de producir mensajes. Y ausente el eslabón de una auténtica “teoría-de-la-práctica” la presencia de estas disciplinas no excede la función de pátina lexical o pasatiempo inocuo.
Estas disfunciones se multiplican si miramos de frente y con sinceridad el perfil del estudiante tipo de diseño gráfico que, no sólo está lejos de la Retórica sino que ni siquiera manifiesta interés por la gramática. Hablarle de Hermenéutica a un estudiante de diseño gráfico es desconocer al interlocutor. (Pero eso es harina de otro costal).
Esta desviación teoricista es un fenómeno ideológico cuyas raíces son relativamente fáciles de detectar:
* el escasísimo desarrollo de la profesión y la escasísima presencia de profesionales en la docencia, responsabilidad que es asumida por personas que prácticamente desconocen el oficio
* la injustificada inscripción de las carreras de diseño gráfico en el ámbito universitario, que alienta su asimilación mecánica al modelo de las carreras propiamente universitarias y, por tanto, poseedoras de un curriculum teórico sólido
* la fuerte corriente ideologista y teoricista y el gusto por el discurso especulativo y la diletancia “científica” que impregna los claustros universitarios latinoamericanos
* esta corriente es especialmente fuerte en las universidades públicas, donde el sano pensamiento utópico y el sano rechazo del tecnocratismo degradan en una auténtica fobia idealista a la realidad, cuando no en un franco desprecio por el trabajo productivo y un culto a la supervivencia parasitaria.
La segunda distorsión, abiertamente opuesta a la anterior, es más universal y la comparten las carreras mexicanas de diseño gráfico con las de todo el mundo: el mito que localiza a la creatividad en el núcleo ontológico del diseño.
Este mito reniega de la teoría, de la racionalidad y hasta de los mismísimos condicionantes del programa: la respuesta creativa hace eclosión como una pura manifestación del talento inmanente del diseñador.
Sobre el carácter distorsionante de este mito y sobre su equívoca relación con el arte, todo se ha dicho y no cabe abundar aquí. Lo que sí importa señalar es que ambas distorsiones coinciden en un franco desprecio por la cultura gráfica real, por el fondo y patrimonio gráfico y por su papel, absolutamente prioritario, en la formación del diseñador.
La cultura gráfica es despreciada por el teórico, que siente fobia hacia todo saber práctico o “verdad empírica”. Y es despreciada por el creativo, pues empaña el protagonismo y la originalidad del “diseño de autor”. El primero sostiene que el mensaje gráfico es una secreción del cerebro izquierdo; el segundo, de otra glándula, aún no localizada. Ninguno quiere aprender un oficio que preexiste a toda carrera académica y que evoluciona, afortunadamente, con autonomía respecto de lo que ocurre en los claustros.
Así como en las escuelas de diseño gráfico europeas (y, ni, qué decir, en las españolas) cabe una preocupación por su escaso desarrollo teórico y por la debilidad de recursos conceptuales para contextualizar la práctica, en las universidades de diseño latinoamericanas cabe preocuparse por su débil inserción en la práctica del oficio e, incluso, por su lejanía respecto de la cultura gráfica concreta."
fuente: http://foroalfa.org/es/articulo/6/Dos_distorsiones_en_la_ensenanza_del_diseno_grafico
Que pensamos?
7 de enero de 2009
La función del diseño gráfico
Cuando preguntamos a diferentes personas sobre una definición del diseño gráfico, es muy frecuente escuchar palabras dentro de esa definición tales como "creatividad", "arte", "artístico" y algunas otras que nos hacen cuestionar que es lo que hacemos y para que lo hacemos.
En muchas ocasiones he comentado que no considero al diseño gráfico como un arte y en una nota anterior daba mis razones de porque. Lo más difícil es encontrar que los diseñadores nos pongamos de acuerdo para que una definición nos sea cómoda a todos, pero la verdad entre más tiempo pasa, algo sucede que nunca nos damos gusto.
Por ello, a continuación expongo mi definición de diseño gráfico y el porque de la misma:
"Diseño Gráfico es una actividad multidisciplinaria que tiene como función la transmisión de un mensaje determinado por nuestro cliente, a un público predeterminado (usuario), buscando con ello el provocar una respuesta anticipada y medible."
Vamos por partes:
+ Diseño Gráfico es una actividad multidisciplinaria: Aquí indico el origen tan variado que tienen los procesos del diseño, desde la psicología, la antropología, el arte, la sociología, la mercadotecnia, etc. Nuestro trabajo se nutre de una gran variedad de disciplinas que ayudan a desarrollar nuestras propuestas.
+ Que tiene como función la transmisión de un mensaje determinado por nuestro cliente: A diferencia de expresiones artísticas visuales, el mensaje NO es dado por el diseñador, estos mensajes nos son dados por nuestro cliente y es nuestra obligación buscar que el mismo sea enviado de manera clara, precisa y sin distorsiones o prejuicios.
+ A un público predeterminado (usuario): No hay que equivocarse, el cliente de nuestro cliente (usuario) es quien debe de comprender sin desviación el mensaje. Puede ser que nosotros como diseñadores en ocasiones podamos estar incluidos en el segmento al que nuestro cliente se quiere dirigir, sin embargo, si no es así nuestra obligación es ser empáticos para poder saber que tipo de idioma visual requiere ese usuario.
+ Buscando con ello provocar una respuesta anticipada y medible: Este es quizá el elemento con el que muchos diseñadores no quieren comprometerse, ya que de hacerlo le damos a nuestros clientes una herramienta PALPABLE y no ALEATORIA para medir la efectividad de nuestro trabajo. Ciertamente el diseño no es el 100% de la responsabilidad del éxito de un proceso, un producto o un servicio, por lo que el diseñador debe de saber a que se compromete y bajo que circunstancias su trabajo puede ser eficaz. Esta última frase es la que diferencía al diseñador profesional.
Ciertamente muchos pueden o no estar de acuerdo en la definición que he enunciado, sin embargo, la experiencia me ha demostrado que cuando un diseñador se compromete con su trabajo de comunicador visual, y somete su trabajo a procesos integrales de mercadotecnia, su trabajo es mucho más exitoso y efectivo para su cliente.
Como cerraba un comercial de la VW hace algunos años... "Porque no todos los artistas firman sus obras"... los diseñadores gráficos no firmamos nuestro trabajo... buscamos resultados para nuestros clientes.
17 de diciembre de 2008
Negocios de diseño
Cuando este alumno ingresó a la carrera, en algún momento se acercó a mi para preguntarme cuanto podría cobrar por un trabajo muy particular que estaba desarrollando, el cual en ese tiempo pensaba el cobrar algo así a los 100 USD. Recuerdo que casi me da algo al revisar el trabajo que pretendía cobrar y sin más le recomendé que cobrara al menos 1,000 USD, ya que su proyecto lo valía y con mucho. Después de mucho platicar al respecto, lo convencí de que presentara su proyecto en la incubadora de negocios de la universidad y sin mayores sorpresas (ya que su producto es de alta creatividad y calidad) fué aceptado en la misma y con el tiempo se inició una micro empresa que actualmente la componen cuatro diseñadores y arrancando de manera formal.
El proyecto que mi exalumno fue premiado en varias ocasiones a nivel local y nacional, y ha sido presentado como caso de éxito por diferentes instituciones a otras incubadoras de negocios, y por supuesto ha recibido grandes comentarios de las áreas de negocios y mercadotecnia de la universidad. Pero... pueden adivinar de que área en particular nuestro emprendedor NO ha recibido ningún apoyo ni comentario positivo?, efectivamente.... del área de diseño gráfico de la universidad en donde desarrolló el proyecto.
Recuerdo que con mucha amargura se refiere a que del área de diseño solo ha recibido críticas de "forma" de su proyecto, nunca le han felicitado por el producto que ha desarrollado y a cualquier momento esas críticas que recibe no aportan nada bueno y lo confunden, ya que se imaginaba que por ser un proyecto de diseño, tendría más críticas de las áreas de negocios que de la división a la que pertenece.
Al escucharlo, me vinieron a la mente las eternas discusiones que sostuve con esos maestros, indicando que debíamos de incrementar la planta docente de profesores con experiencia de negocios de diseño y con un ejercicio profesional vigente y fuerte, de manera que pudieran darle valor agregado a sus clases con el "expertise" que da el trato cotidiano con sus clientes y la lucha diaria para adquirir y conservar nuevos clientes... y por supuesto las negativas de los profesores de planta indicando que al no tener los "grados académicos" superiores estos posibles profesores no eran dignos que impartir clases en nuestra universidad.
Continuando con la plática, le comenté a este diseñador empresario que se olvidara de los comentarios que este tipo de profesores le daban, y que al sopesar los mismos recordara algo que siempre les he comentado a mis alumnos:
"Lo bello de nuestra profesión es que al momento de buscar un trabajo o un cliente, la universidad, el kardex y el promedio dejan de ser importantes ante el portafolio profesional"
Definitivamente, algunos de nuestros alumnos aprenden diseño con nosotros... sin nosotros... o a pesar de nosotros.
9 de diciembre de 2008
Concursos de diseño..... por Dios!!!
"Alarma en el Diseño Nacional Mexicano
El gremio de diseñadores en México hacemos extensiva nuestra preocupación por el resultado del concurso convocado por el Gobierno del Distrito Federal a través de la Secretaria de Turismo y la Dirección General de Comunicación Social, y con el apoyo de otras instituciones, asociaciones y empresas del sector turístico, para el diseño de la Marca Turística de la Ciudad de México.
Exhortamos a los organizadores y jurado a considerar declarar desierto la mencionada categoría, ya que ninguna de las propuestas presenta un nivel profesional y efectivo para ser una imagen de que represente a nuestra ciudad.
Consideramos apropiado enlistar los siguientes puntos que generan desconcierto a quienes ejercemos esta profesión y a quienes habitamos en esta ciudad.
1. La convocatoria mal planteada desde su inicio. Que más que buscar una propuesta, dictaba la solución ganadora: Un ángel y un beso.
2. Ninguna de las imágenes finalistas esta a un nivel profesional para competir contra las marcas de otras ciudades. Cuando su objetivo es promover el turismo, y hacer de ella la identidad de quienes la habitan.
3. Un jurado sin conocimientos en la materia. Quedo aún más evidenciado cuando a pocos días de conocerse el ganador fue descalificado uno de los logos por violar derechos de autor. Es decir, el jurado fue incapaz de darse cuenta de la evidente violación de derechos en la propuesta elegida.
4. El monto del premio que resulta por demás excesivo para un concurso cuyo resultado apunta a ser un gran fiasco. Un gran desembolso de recursos públicos destinado al fracaso y descontento de los ciudadanos.
5. Una logística errada por parte de los organizadores, quienes son incapaces de identificar quien participo y quien no, pues solo recibieron cerca de 7000 propuestas, pero los 12 mil y pico de registrados recibieron Certificado de Participación, aún sin participar.
Los diseñadores de México, nos oponemos a emitir nuestro voto ante la evidente falta de seriedad que se le da el diseño de la Marca de Ciudad de México. Solicitamos sea declarado desierto y se busque una imagen que nos haga sentir orgullosos como residentes de esta ciudad e invite al turismo con calidad y profesionalismo.
Los invitamos a leer mas al respecto en los diversos foros que se han generado en torno a esta preocupación.
http://nfgraphics.com/diseno-de-la-marca-turisitca-de-la-ciudad-de-mexico/
http://isopixel.net/archivo/2008/11/marca-turistica-para-ciudad-de-mexico/
http://www.flickr.com/groups/participantes_marca_ciudadmexico/
"
En lo personal, yo no participé en el concurso, digamos que al revisar la convocatoria algo me "olió mal" y decidí no entrar, sin embargo si participaron mis alumnos de Diseño Experimental.
Mas del tema lo encontrarás en:
http://nfgraphics.com/diseno-de-la-marca-turisitca-de-la-ciudad-de-mexico/
Buen inicio de semana
1 de diciembre de 2008
El diseño, el mensaje, y su intérprete
Visto así pareciera sumamente sencillo y por lo tanto no debería de ser gran problema, sin embargo es muy frecuente que en el medio de diseño escuchemos en muchas ocasiones que el diseñador deberá de dar su "toque" personal o su interpretación al mensaje.
Que sucede en estos casos?, realmente debemos de dar nuestra interpretación en el proceso?
Acabo de recibir los trabajos finales de un taller de diseño que impartí este semestre, y en la presentación de ellos tuve un par de roces algo fuertes con alumnos, ya que en el primer caso los gustos personales del alumno se impusieron en la pieza de diseño al grado de hacer dudar de su eficacia, y en el segundo el alumno decidió por cuenta propia cambiar los elementos de comunicación indicados en el brief, y al cuestionarsele nos comentó que el cambio NO era importante por lo que no debería de ser cuestionada al respecto.
Creo que sobra decir que mi reacción en ambos casos fué bastante sui generis, y en lo personal pensé que si este par de alumnos hubieran presentado esas argumentaciones en mi despacho de diseño, para estas horas ya estarían buscando un nuevo empleo. Sin embargo por solamente ser un ejercicio académico, no pasó de una buena bronca y en uno de los casos una calificación no aprobatoria.
Me pregunto que sucede con nuestros estudiantes de diseño?, han perdido la brújula al respecto de la funcionalidad de nuestra profesión y nuestras propuestas de diseño?
Han olvidado que nuestro compromiso tanto con nuestro cliente como con el usuario del material que desarrollamos estriba en proporcionar procesos de comunicación eficientes y económicos?
Han olvidado acaso lo que es DISEÑO???
En fin, creo que llegan muy a tiempo las vacaciones de diciembre y el próximo semestre implicará nuevos retos... y nuevos grupos.
3 de noviembre de 2008
Quien educa al docente de diseño?
No hace falta ser un experto en pedagogía para advertir que en su queja, la alumna contaba con mucha razón, ya que comentaba que su maestra no le daba "libertad" creativa y terminaba haciendo las cosas que a ella le gustaban y no lo que quería hacer.
Siempre ha sido mi política no argumentar con los alumnos las capacidades docentes de mis colegas y mucho menos si en lo personal considerara que cierto docente no tiene la capacidad adecuada para ocupar ese cargo, por lo que decidí llevar la conversación en otra dirección.
Al final de la misma, llegamos a la conclusión (bastante obvia por cierto) de que un excelente profesionista de diseño NO necesariamente es un excelente docente... sin embargo era más frecuente que un excelente docente fuera un buen profesionista.
Ciertamente, en todas los planes de estudio de las carreras de diseño, se hace mucho énfasis en los procesos de dominio tecnológico y de ejercicio de taller, sin embargo aquellas disciplinas que tienen que ver con la planeación, capacitación y autoaprendizaje no lucen en los mismos ya que se consideran de una categoría "inferior" al grado de que es sumamente raro el alumno de diseño que en su planeación de vida profesional considera la docencia como carrera y no como un estadio intermedio entre un proyecto y otro.
Quien enseña a enseñar al docente de diseño?, desgraciadamente nadie. Abunda el aprendizaje por imitación, los instructores que se vuelven unos pequeños dictadores a imagen y semejanza del titular, personas que llegan a la docencia más por accidente que por intención, lo que a final de cuentas se traduce en una educación deficiente y de bajo impacto social.
Sin embargo, no todo está perdido, algunos preocupados en nuestro país han comenzado a estudiar e investigar sobre los procesos y formas más necesarias para capacitar al docente de diseño, sin embargo aún prevalece la idea de que el mejor docente de diseño es el que está todo el tiempo metido en ello... sin otra capacitación pedagógica que la aprendida de sus profesores. Estamos a buen tiempo de comenzar a definir que necesita el docente de diseño, prepararlo y sobre todo, encontrar a aquellos que además de la vocación tengan el interés profesional de aprender su profesión y oficio.